El rastro que dejan los teléfonos mientras tienen cobertura permite distinguir al 95% de los usuarios solo con conocer cuatro lugares diferentes por los que ha pasado.
Un estudio
publicado por investigadores del MIT ha concluido que, en un 95% de los casos,
solo hacen falta saber cuatro momentos y lugares por los que ha pasado
alguien para generar una «huella dactilar de movilidad» que permita
distinguirlo del resto.Caminar con el móvil en el bolsillo, incluso en lugares muy concurridos, puede ser suficiente para distinguir a unos usuarios de otros y, con ello, poner en riesgo su privacidad. Incluso cuando los que recaban estos datos —operadoras, fabricantes de sistemas operativos móviles y creadores de aplicaciones, los «anonimizan».
El
anonimato total, casi imposible
Estos patrones de
movilidad —que indican dónde ha estado el usuario y a qué hora— puede revelar
información que el usuario quiera mantener reservada. La Electronic Frontier
Foundation muestra varios ejemplos de situaciones que la gente podría
preferir mantener en el ámbito de lo privado: si ha acudido a una clínica
abortiva, o a una manifestación, cuál es su iglesia o que acude a un bar gay.
Los investigadores no
han desvelado que el teléfono móvil registra, con cierta precisión, los
movimiento de una persona. Es un dato conocido. Su trabajo está dirigido a
elaborar una fórmula que permita determinar cómo —y cuánto— han de anonimizarse
estos datos —ocultando número de teléfono, día, hora o lugar— para no incurrir
en conflictos con la intimidad de los individuos.
En ningún momento
los investigadores afirman que la recolección de estos datos sea negativa. Y
ponen ejemplos de cómo pueden ser beneficiosos para muchas tareas. Una de las
más conocidas es el uso de la información de movilidad para que los servicios
de GPS determinen el tráfico de las carreteras y lo tengan en cuenta a la hora
de calcular rutas.
Durante su
investigación analizaron los datos de 1,5 millones de usuarios de telefonía
móvil a lo largo de 18 meses. Fueron capaces de distinguir unívocamente al 95%
de los individuos —no su nombre u otras características, sino unos de otros—
utilizando nada más que cuatro referencias. Estas incluían la antena a la que
estaban conectados en ese momento y la hora —sin minutos ni segundos— en la que
realizaron o recibieron una llamada.
«Incluso las bases
de datos más bastas —con menor precisión— otorgan muy poco anonimato», afirman
en el artículo, publicado en la revista «Scientific
Reports». Además de las operadoras de telefonía móvil, destacan los
investigadores, cada vez más organizacioness tienen acceso a estos datos.
El aumento del
número de «smartphones» no ha hecho sino acentuar el problema. «La llegada de
los teléfonos inteligentes y otras alternativas de recolección de datos ha
hecho que esta información esté disponible para mucha gente», afirman. «Por
ejemplo, Apple actualizó recientemente su política de privacidad para
concederse el derecho a compartir la localización espacio-temporal de sus
usuarios con sus partners».
Vender estos datos
es un negocio al que se han sumado operadoras, creadores de aplicaciones —los
investigadores dicen que se calcula que más de 8.000 millones de apps
instaladas en dispositivos móviles acceden a su localización— y también los
fabricantes de sistemas operativos móviles como Apple, Google y Microsoft. Aunque
los investigadores no lo explicitan en su artículo, de este se puede
deducir que la única forma de evitar desvelar datos privados con el uso del
teléfono móvil es no llevar uno encima.